CON HUEVO Y CABEZA

Era domingo de primavera, pero Rosario ofrecía una tarde gris, ventosa, casi otoñal. En el Gigante de Arroyito, Boca y Racing jugaban por un lugar en las semifinales de la Copa Argentina. Las tribunas tenían mayoría xeneize —un 70 a 30, casi una medida de fernet con cola— y algo que este torneo todavía conserva: las dos hinchadas compartiendo un partido decisivo. Una escena que a quien escribe le recuerda el fútbol con el que creció yendo a la cancha.
Boca llegaba después de una muy buena actuación ante San Lorenzo. Sin Álvaro Montero, convocado por Colombia, Leandro Brey ocupaba el arco. Enfrente estaba un Racing de campaña irregular en el Clausura, aunque fortalecido por su reciente victoria ante Sarmiento.
Vojvoda planteó una línea de tres, con Marcos Rojo de líbero, y acumuló volantes para quitarle espacio a Paredes. Conechny y Maravilla Martínez también se acercaban al capitán cada vez que intentaba recibir. Boca, sin embargo, encontró espacios por afuera. Velasco desbordó temprano por izquierda y Flores, encarando desde la derecha, le ganó varias veces la carrera a Escudero. Cambeses debió intervenir ante un remate cruzado del juvenil.
Boca había comenzado mejor cuando el viento entró en el partido. Racing consiguió un córner desde la izquierda, Lodico lo ejecutó y la pelota, entre su efecto y un mal cálculo de Brey, terminó dentro del arco. El 1-0 golpeó a Boca: en la jugada siguiente, Maravilla Martínez encontró otra oportunidad tras un mal cierre defensivo. Recién con el paso de los minutos el equipo recuperó el control y volvió a exigir a Cambeses. Incluso el viento estuvo cerca de devolverle el favor: un despeje que parecía irse al córner cayó de repente sobre el arco y el arquero alcanzó a sacarlo.
Racing se fue al descanso arriba. Boca había tenido más iniciativa, pero no había encontrado el gol. Y apenas comenzó el segundo tiempo, el panorama se volvió más difícil: otro córner, Brey a mitad de camino, un despeje corto y Martínez libre dentro del área para marcar el 2-0. Dos pelotas paradas, dos errores y Boca al borde de la eliminación.
Ahí apareció la respuesta del equipo. Boca sintió los golpes, pero no se quebró mentalmente. El Vasco mandó a la cancha a Villa y Enner Valencia por Ascacibar y Velasco, cambió al 4-2-4 y más tarde sumó a Palacios para jugar cerca de los delanteros. Asumió el riesgo de quedar abierto a las contras. Los jugadores acompañaron esa decisión con actitud: fueron a buscar cada pelota, empujaron a Racing hacia su área y siguieron creyendo cuando el reloj empezaba a apretar.
Valencia abrió la puerta a los 27 minutos del complemento. Ganó de cabeza tras un córner y puso el 2-1. Racing, que hasta entonces parecía cómodo esperando el error ajeno, empezó a fallar en el fondo. Paredes inició una jugada, Blanco abrió hacia Villa y el colombiano metió un centro cerrado con la derecha. Valencia volvió a ganar arriba. Dos cabezazos, 2-2.
Boca no quería ir a los penales. En la última jugada juntó pases por derecha, Palacios recibió y lanzó el centro al corazón del área. Enner Valencia se elevó a lo Michael Jordan, por encima de los defensores, y metió el cabezazo del 3-2. Tres saltos, tres goles. Una tarde soñada para el ecuatoriano.
El pitazo final desató un festejo con clima de título. Boca había quedado 0-2 por errores propios y encontró la manera de darlo vuelta: con los cambios del Vasco, con la cabeza de Valencia y, sobre todo, con una respuesta mental y de actitud cuando más la necesitaba. Con huevo y corazón, fue a buscarlo hasta la última pelota.

Gustavo Oscar Pereyra
Gustavo Oscar Pereyra
Socio vitalicio del Club Atlético Boca Juniors. Testigo de las glorias del Toto Lorenzo y Carlos Bianchi, sobreviviente de los años dificiles… en las buenas y en las malas siempre junto a los colores azul y oro, porque la historia también se vive. Twitter: @gopereyra
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