LA ILUSIÓN VUELVE A CRECER

Noche de Copa Sudamericana. Partido de vuelta de los cuartos de final y un escenario imponente: el mítico Morumbí de San Pablo, estadio que fue testigo de grandes hazañas boquenses.

Boca llegaba con la ventaja del 1 a 0 conseguida en La Bombonera. Un resultado que parecía corto después de un partido de ida en el que São Paulo había comenzado mejor, hasta que Rodolfo Arruabarrena corrigió sobre la marcha, recostó a Alan Velasco por izquierda y consiguió cambiar el desarrollo del encuentro.

Ahora había que defender aquella ventaja en Brasil.

El Vasco volvió a apostar por el equipo que empieza a perfilarse como titular: Álvaro Montero; Leandro Lozano, Lautaro Di Lollo, Facundo “Jagger” Herrera y Lautaro Blanco; Leandro Paredes, Milton Delgado y Santiago Ascacíbar; Alan Velasco, Miguel Merentiel y Leonel Flores.

Del otro lado, el São Paulo de Dorival, sin Calleri pero con una necesidad que condicionaba todo su partido: tenía que marcar al menos un gol.

El Morumbí estaba lleno. Los torcedores tricolores colmaron las tribunas esperando una remontada. Boca tampoco estuvo solo: más de 3.000 hinchas viajaron para acompañarlo en una noche decisiva.

Había llovido durante los días anteriores y también hasta poco antes del comienzo. El campo estaba rápido.

Con el arbitraje del uruguayo Gustavo Tejera comenzó el partido.

Y Boca sorprendió.

Porque si el escenario invitaba a imaginar un São Paulo lanzado sobre el arco de Montero desde el primer minuto, ocurrió exactamente lo contrario.

Boca salió a buscarlo.

Presionó alto, incomodó la salida del local y durante buena parte del primer tiempo consiguió que el partido se jugara lejos de su arco.

La defensa también entendió perfectamente dónde debía jugar.

Facundo Herrera volvió a mostrar seguridad, especialmente en el juego aéreo y en los anticipos sobre Luciano. Di Lollo acompañaba adelantándose varios metros para cortar los envíos frontales antes de que São Paulo pudiera instalarse cerca de Montero.

Por los costados, Lozano controlaba las subidas de Iago, mientras Blanco tenía la difícil tarea de contener a Lucas Ramón y cortar su sociedad con Artur.

Pero buena parte del partido de Boca se explicaba unos metros más adelante.

Ascacíbar y Milton Delgado achicaban espacios y no permitían que Danielzinho y Marco Antonio encontraran juego por adentro. Paredes, desde el centro, manejaba posiciones y tiempos.

Boca no conseguía traducir ese buen funcionamiento en situaciones claras de gol, pero había logrado algo fundamental: no sufría.

São Paulo tenía la obligación. Pero Boca tenía el control psicológico del partido.

Recién sobre el final del primer tiempo el local consiguió inquietarlo seriamente. Velasco comenzó a sentir el desgaste, ya no acompañaba en el retroceso y por ese sector apareció una combinación entre Artur y Ramón. El lateral llegó al fondo y lanzó el centro. Gustavo Santana entró por detrás, le ganó a Di Lollo y cabeceó.

Montero reaccionó con un manotazo.

La pelota pegó en el travesaño.

Fue la situación más clara de São Paulo y también una advertencia antes del descanso.

El conjunto brasileño se fue al vestuario acompañado por el descontento de su propia gente. Los torcedores habían llegado esperando un equipo protagonista y durante buena parte de los primeros 45 minutos habían visto a Boca jugar el partido que quería.

Para el complemento, São Paulo tardó varios minutos en regresar al campo.

Dorival necesitaba cambiar algo.

Sacó a Danielzinho y mandó a la cancha a Djhordney para darle movilidad al mediocampo, intentar mover la estructura defensiva de Boca y encontrar asociaciones con Artur y Ramón.

Boca también cambió. Retrocedió algunos metros, achicó espacios en su propio campo y comenzó a jugar otro partido: el de la necesidad y la desesperación del rival.

Pero ese adelantamiento de São Paulo dejaba una debilidad cada vez más evidente.

Su defensa era lenta cuando tenía que correr hacia atrás.

Y Boca encontró el momento exacto para lastimarla.

Después de un rechazo desde el fondo, Ascacíbar tomó la pelota y abrió para Leonel Flores, pegado a la línea derecha. Dos jugadores de São Paulo fueron sobre él.

Lozano vio el espacio.

El lateral uruguayo se soltó y atacó en diagonal por detrás de quienes habían salido a presionar. Flores levantó la cabeza y puso el pase justo.

De repente, la defensa brasileña quedó abierta.

Lozano aceleró, ganó metros, quedó frente a Rafael y definió con un zurdazo

Gol de Boca.

Silencio en el Morumbí.

Dorival reaccionó inmediatamente. Desarmó la línea de tres, acumuló delanteros y comenzó a buscar el área de Boca.

Entonces llegó la jugada más discutida de la noche.

Djhordney intentó rematar desde afuera. El disparo salió defectuoso y encontró a Luciano dentro del área. El número 10 abrió hacia la derecha para Ryan Francisco, que convirtió el empate.

El Morumbí explotó y se ilusionó.Pero duró poco.

Leodan González llamó desde el VAR y, después de la revisión, el gol fue anulado por una posición adelantada milimétrica de Luciano.

São Paulo sintió el golpe.

Y comenzó a jugar más con la urgencia que con el fútbol.

Sumó jugadores en ataque, prácticamente quedó defendiendo con dos y buscó una y otra vez mediante centros desde los costados. Tenía más hombres cerca del área, pero no necesariamente más peligro.

Boca defendía.

Pero no se desordenaba.

Herrera y Di Lollo despejaban. Ascacíbar y Belmonte, que habia reemplazado a Delgado, cerraban espacios. Y Paredes empezaba a jugar un partido diferente al de los primeros minutos.

Era el hombre de la pausa.

Cuando podía, retenía la pelota. Cuando era necesario, ordenaba. Y permanentemente acomodaba a sus compañeros para cerrar los caminos por donde São Paulo intentaba entrar.

Mientras tanto, el reloj avanzaba.

Y cada minuto que pasaba pesaba un poco más sobre el equipo brasileño.

Hasta que, sobre el final, apareció una pelota detenida.

Lozano cometió una infracción sobre un costado. Artur ejecutó el tiro libre, la pelota atravesó toda el área y Duarte apareció por detrás para convertir el 1 a 1.

El Morumbí volvió a creer.

São Paulo necesitaba otro gol para llevar la serie a los penales y se lanzó con lo último que tenía.

Pero Boca no entró en ese vértigo.

Cerró espacios, defendió los centros y supo interpretar que en esos minutos finales también había que jugar con el nerviosismo del rival.

Hasta que Gustavo Tejera marcó el final.

São Paulo 1. Boca 1.

Y Boca, semifinalista de la Copa Sudamericana.

La clasificación se explica mucho mejor mirando los 180 minutos que solamente el resultado de esta noche.

En Buenos Aires, Boca tuvo la capacidad de corregir cuando São Paulo lo estaba complicando.

En Brasil tuvo algo todavía más importante: supo leer cada momento del partido.

Cuando había que sorprender, presionó.

Cuando había que jugar lejos de Montero, adelantó sus líneas.

Cuando São Paulo dejó espacios, lo golpeó.

Y cuando llegó el momento de defender la ventaja, aceptó retroceder sin perder el orden.

Boca entendió antes que su rival qué partido debía jugar en cada momento.

Y así sobrevivió al empuje de un Morumbí lleno, al empate sobre el final y a los últimos minutos de desesperación paulista.

Boca vuelve a meterse entre los cuatro mejores de una competencia continental y en octubre enfrentará a Vasco da Gama.

La ilusión vuelve a crecer.

Otra vez Brasil aparece en el camino de Boca.

Y otra vez Boca sigue adelante.

Pero quizás la mejor noticia no esté solamente en la clasificación.

Está en la forma.

Porque este Boca empieza a entender los partidos.

Empieza a saber cuándo atacar, cuándo esperar y cuándo hacer correr el reloj.

Empieza a mostrarse adulto.

Y, sobre todo, empieza a mostrarse seguro.

Gustavo Oscar Pereyra
Gustavo Oscar Pereyra
Socio vitalicio del Club Atlético Boca Juniors. Testigo de las glorias del Toto Lorenzo y Carlos Bianchi, sobreviviente de los años dificiles… en las buenas y en las malas siempre junto a los colores azul y oro, porque la historia también se vive. Twitter: @gopereyra
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