Cuarta fecha de la Liga Profesional del fútbol argentino. Boca recibió a Vélez y nuevamente tuvo que mudar su localía al Palacio Tomás Adolfo Ducó de Huracán.
En una gélida tarde de sábado de agosto, Rodolfo Arruabarrena devolvió a Ayrton Costa a la titularidad y mantuvo el resto de la formación. Montero al arco; Lozano, Di Lollo, Costa y Blanco en defensa; Paredes, Ascacíbar y Milton Delgado en el mediocampo; Aranda unos metros más adelante, acompañando a Merentiel y Flores.
Enfrente estaba el Vélez de Guillermo Barros Schelotto, que llegaba al Ducó como puntero del campeonato.
Después de un respetuoso minuto de silencio por el fallecimiento de Jorge Messi, Yael Falcón Pérez puso en marcha el partido.
Y Boca salió dispuesto a asumir el protagonismo.
Desde el comienzo intentó jugar en campo rival y encontró por derecha un sector para lastimar. Leonel Flores buscaba permanentemente el mano a mano con Elías Gómez y por allí comenzaron a aparecer los primeros espacios.
A los 7 minutos, una combinación entre Ascacíbar y Flores terminó con un centro atrás que encontró a Milton Delgado. El mediocampista sacó un remate bajo que superó a Marchiori, pero se estrelló contra el palo.
Boca había comenzado mejor, manejaba la pelota y jugaba lejos de Montero. Sin embargo, cuando parecía tener el partido bajo control, Vélez golpeó.
A los 11 minutos, una falta cerca de uno de los vértices del área le dio al visitante una pelota detenida peligrosa. Valdés observó una barrera mal armada y buscó directamente el primer palo. Montero demoró en la estirada y el remate terminó en la red.
Uno a cero para Vélez y un partido que, casi sin aviso, cambió de escenario.
Porque Boca sintió el golpe y el equipo de Guillermo comenzó a encontrar espacios. Una mala entrega hacia atrás de Delgado dejó a Godoy de frente al área. El delantero encaró a Montero y definió por encima del arquero, pero Paredes apareció sobre la línea para evitar el segundo.
Del córner posterior llegó otra alarma. Tras un rechazo defectuoso de Montero,Silvero ganó de cabeza y, cuando la pelota parecía superar al arquero camino al segundo palo, alcanzó a reaccionar con un manotazo para mandarla nuevamente al córner.
En pocos minutos, Vélez había pasado de estar dominado a tener la posibilidad concreta de ampliar la ventaja.
Boca necesitaba recuperar el partido. Y comenzó a hacerlo desde la presión en la mitad de la cancha.
Volvió a adelantar sus líneas, recuperó terreno y empezó a empujar a Vélez hacia Marchiori. En ese crecimiento apareció Aranda. Cada vez que el 10 recibía atraía marcas, encontraba espacios y le daba al equipo una posibilidad distinta en los últimos metros.
Marchiori ya había tenido que responder ante un remate suyo cuando, a los 38, llegó el empate.
Merentiel recibió de espaldas cerca del área y abrió hacia Flores. El 19 aceleró, dejó atrás a su marcador y definió. Marchiori consiguió rechazar, pero el rebote encontró a Ascacíbar llegando de frente para establecer el 1 a 1.
La jugada explicaba buena parte de lo que Boca intentaba hacer: movilidad adelante y, fundamentalmente, mediocampistas llegando desde atrás.
Ascacíbar fue quien mejor lo interpretó.
Porque Boca no se conformó con el empate y, ya en tiempo de descuento, estuvo muy cerca de dar vuelta el resultado. Merentiel apareció por izquierda y lanzó un centro que encontró nuevamente al Ruso dentro del área. El cabezazo de Ascacíbar volvió a superar a Marchiori, pero esta vez fue el palo el que evitó el segundo.
El primer tiempo terminaba igualado, aunque Boca había conseguido recuperar un partido que durante algunos minutos se le había ido de las manos.
Para el complemento Arruabarrena movió la defensa: Pellegrino reemplazó a Ayrton Costa. Guillermo también hizo una modificación y Escobar ingresó por Valdés.
El comienzo volvió a mostrar a Boca buscando amplitud. Flores atacó por derecha y lanzó un centro atrás para Aranda, que rápidamente cambió el frente buscando la subida de Lautaro Blanco. El lateral llegó lanzado desde la izquierda y su remate terminó rebotando en la defensa visitante.
Pero Vélez ya no estaba dispuesto a esperar.
El equipo de Guillermo adelantó sus líneas, comenzó a tener más la pelota e intentó trasladar el juego hacia campo de Boca. El partido se hizo más abierto y también más peligroso para los dos.
Una falta de Elías Gómez sobre Lozano cerca del vértice del área terminó con la amonestación del capitán de Vélez. Paredes ejecutó el tiro libre, la pelota dio en la barrera y de esa misma acción nació una contra peligrosa del visitante.
Era una imagen de lo que empezaba a ser el encuentro: Boca quería ganar y, para hacerlo, comenzaba a asumir riesgos.
El ingreso de Velasco por Aranda le dio otra característica al ataque. Recibiendo desde la izquierda, juntó marcas y encontró a Paredes cerca de la medialuna. Leandro levantó la cabeza y filtró una pelota precisa para Ascacíbar, que volvió a aparecer dentro del área y, de media vuelta, sacó un remate cruzado que pasó muy cerca del palo.
Poco después, Lautaro Blanco llegó hasta el fondo y puso el centro hacia el área chica. Y otra vez apareció Ascacíbar. El Ruso ganó de cabeza, aunque esta vez no consiguió darle dirección.
Boca ya iba decididamente por el triunfo.
Paredes comenzó a tener cada vez mayor influencia. Velasco volvió a encontrarlo de frente y el volante sacó un remate fuerte que Marchiori rechazó dando rebote; Giménez no alcanzó a aprovecharlo. Casi inmediatamente, Flores recibió con espacio y probó cruzado, obligando nuevamente al arquero de Vélez a mandar la pelota al córner.
Con el correr de los minutos, Boca trató de acelerar desde una salida más limpia. Paredes se convirtió definitivamente en el conductor y comenzó a alternar los pases cortos con cambios largos buscando las corridas de Villa por derecha.
En uno de esos avances, el colombiano desbordó y lanzó un centro que Giménez no consiguió conectar. El rechazo quedó en los pies de Milton Delgado, que sacó un zurdazo desde afuera del área que pasó rozando el palo.
Boca iba. Insistía. Generaba.
Pero no convertía.
Y mientras acumulaba gente por delante de la pelota también dejaba espacios para la contra de Vélez. Arruabarrena decidió asumir ese riesgo porque entendía que el partido estaba para ganarlo.
No pudo.
El pitazo final de Falcón Pérez decretó el empate y dejó una sensación contradictoria.
Porque Boca volvió a dejar puntos, esta vez como local, y tuvo oportunidades suficientes para quedarse con el partido. Pero también mostró señales de una evolución que empieza a sostenerse más allá de algunos pasajes.
Hay una intención mucho más marcada de ser protagonista. De jugar en campo rival. De presionar para recuperar rápido y, sobre todo, de conseguir que los mediocampistas no permanezcan estáticos detrás de la pelota.
Ascacíbar fue la expresión más evidente de ese cambio: hizo el gol, estrelló un cabezazo en el palo y tuvo otras dos situaciones llegando desde atrás.
También Paredes empieza a encontrar el equipo a su alrededor. Ya no solamente como primer pase, sino como conductor, levantando la cabeza y buscando acelerar cuando encuentra espacios.
Boca todavía tiene problemas. Por momentos queda expuesto, comete errores que le generan situaciones al rival y, principalmente, necesita transformar en goles todo lo que produce.
Pero hay algo diferente.
El equipo se muestra más agresivo, tiene mayor decisión para atacar y empieza a acercarse a lo que pretende Arruabarrena.
El empate no alcanza. Mucho menos para Boca.
Pero el camino parece empezar a aparecer.
Y ahora llega una prueba diferente.
Se vienen los octavos de final de la Copa Sudamericana. Boca volverá a ser local en el Palacio Ducó, un escenario con un campo de juego que favorece la circulación rápida que intenta imponer el equipo.
Enfrente estará Recoleta de Paraguay.
Esta vez será una serie eliminatoria.
Y allí, además de mostrar que está cambiando, Boca tendrá que demostrar que también puede ganar.

