Noche de Copa Libertadores en Mineirão, Boca pisa Belo Horizonte para enfrentar a Cruzeiro Esporte Clube por la tercera fecha del grupo. El equipo llega con puntaje ideal, seis puntos sobre seis, producto de dos triunfos: en Chile ante Universidad Católica y en La Bombonera frente a Barcelona SC.
Enfrente, un Cruzeiro de andar irregular, pero con historia en esta competencia. Y del lado de Boca, Ubeda que repite el equipo… un once que ya sale prácticamente de memoria.
Ambientazo en el Mineirão, los equipos en el campo y, como suele pasar en Brasil, arranque con presión alta del local. Cruzeiro empujando, intentando imponer condiciones en los primeros minutos. Pero con el correr del tiempo, Boca empieza a hacer lo que tenía que hacer: bajar el ritmo, enfriar el partido, alejarlo de su arco, llevarlo lejos de Brey.
Ahora… el partido empezó a tener otro protagonista. El árbitro Ostojich. Rápido para las amarillas, condicionando desde temprano. Amonestación a Paredes por un leve empujón sobre Matheus Pereira… y a partir de ahí, Cruzeiro leyó el partido: simulaciones, contactos exagerados, interrupciones constantes.
Se jugó poco en ese primer tiempo. Mucha fricción, faltas cobradas de inmediato, sin continuidad y sin situaciones claras de gol. Y cuando parecía que se iba sin sobresaltos… a los 40 minutos amarilla para Bareiro, y cinco minutos después, en una disputa absolutamente discutible, segunda amarilla. Expulsión. Boca se queda con diez.
Así, el equipo tuvo que afrontar todo el segundo tiempo en inferioridad numérica.
En el complemento, el trámite fue claro: Cruzeiro adelantando líneas, llevando a Boca contra su área. Sin demasiada claridad al principio, pero con una tendencia marcada. Artur Jorge leyó el contexto, metió delanteros, fue más agresivo.
Y del lado de Boca, los cambios terminaron cediendo la mitad de la cancha. Ahí empezó a crecer Gerson, cada vez más cerca del área, asociándose con Pereira, con Kaio Jorge… y empezaron a aparecer las situaciones.
Boca ya no presionaba la salida, se replegaba con línea de cinco, resistiendo… esperando que el partido se muera en el 0 a 0.
Pero no.
Cuando el empate parecía sellado, desborde de Kaio Jorge, llega al fondo, centro bajo… y por el segundo palo, Neiser Villarreal —recién ingresado— empuja la pelota y marca el 1 a 0.
Golpe sobre el final.
El tiempo de descuento se consumió entre faltas, interrupciones y un Boca desordenado, confundido, sin claridad para ir a buscar el empate.
Final del partido. Gana Cruzeiro, que alcanza a Boca en el grupo. Todo queda abierto de cara a lo que viene.
Y queda una sensación… hay tiempo para revancha, sí. Pero el equipo mostró un bajón en su rendimiento. Nerviosismo, desorden, confusión. Y en Copa Libertadores, cuando lleguen los cruces de ida y vuelta… una noche como esta te puede dejar afuera.
Hoy, la confusión fue general en Boca.

