Fecha 15 del Torneo Clausura. Superclásico en el Monumental. Boca llegaba con un presente prometedor: en la semana había conseguido su segundo triunfo como local por Copa Libertadores ante Barcelona de Ecuador, con un mediocampo comandado por Leandro Paredes, eje de circulación y juego. Con ese respaldo, visitaba a un River que, tras la salida de Gallardo, había encadenado triunfos con Chacho Coudet, aunque sin un mostrar una mejoria en su juego.
Bajo una lluvia de papeles, comenzó el partido. River intentó imponer un cerrojo en el mediocampo: Coudet pobló la zona para quitarle espacios a Paredes y tapar líneas de pase. Sin embargo, a los 10 minutos, Boca encontró la primera grieta: pelotazo largo para Merentiel, que quedó mano a mano, pero no pudo controlar con claridad y terminó siendo cerrado por Lautaro Rivero y Aníbal Moreno.
River, por su parte, buscó progresar por derecha para mover la estructura defensiva de Boca y luego cambiar de frente hacia las subidas de Acuña. Por momentos le dio resultado y generó algunos tiros libres, aunque cada centro fue bien resuelto por la defensa xeneize.
A los 23 minutos, tras un lateral largo, la pelota le quedó a Merentiel. La Bestia desbordó por izquierda, llegó al fondo y, cuando intentó asistir a Aranda, el balón rebotó en la mano de Rivero en el cierre. Todo Boca reclamó, pero Herrera dejó seguir.
Sobre el final de la primera etapa, Paredes metió un pase recto para Merentiel, que volvió a quedar mano a mano. El remate cruzado se fue cerca del segundo palo.
Pero en tiempo de descuento llegó la jugada clave: pase largo, Merentiel entrando por izquierda sacó un remate antes de que la pelota cayera. El disparo pegó en Rivero, que cerraba, y se fue al córner. Herrera cobró tiro de esquina, pero desde el VAR Paletta lo llamó a revisar. Tras la revisión, sancionó penal.
Paredes se hizo cargo y marcó el 1-0, remate al ángulo.
El festejo fue todo un mensaje cargado de simbolismos: beso al escudo frente al público de River y celebración con el Topo Gigio.
En el segundo tiempo, River salió decidido a buscar el empate. Boca se retrasó, cedió campo e iniciativa, y el partido se jugó más cerca de Brey. Sin embargo, en una salida desde el fondo, Rivero dejó un pase corto y Merentiel tuvo otra chance clara, aunque demoró la definición.
El millonario empezó a acumular gente en ataque: centros y más centros desde los costados. Pero apareció la figura de Di Lollo, clave para neutralizar el juego aéreo y cerrar cada intento.
En una contra, Boca tuvo otra: Ascacibar ingresó por derecha y sacó un remate alto.
River insistió por arriba. La más clara fue de Maxi Salas —que había ingresado por Driussi— con un cabezazo anticipando a Ayrton Costa. Fue lo único realmente peligroso.
Ubeda movió el banco: entraron Milton Giménez por Bareiro y Zeballos por Merentiel, Ander Herrera por Paredes que sintió una molestia. La idea era clara: sostener y salir de contra. El Changuito tuvo algunas corridas, pero sin resolución fina.
Sobre el final, llegó otra polémica: en un intento desesperado, Martínez Quarta sintió un contacto de Blanco y se dejó caer pidiendo penal. Herrera no cobró.
El cierre dejó las figuras claras: gran partido de Leandro Brey, firme en el juego aéreo, y enorme trabajo de Di Lollo, despejando todo lo que cayó en el área.
Boca se quedó con el triunfo porque supo cómo romper el cerrojo de Coudet, porque le cerró los caminos a River y porque tuvo en Leandro Di Lollo a un estandarte para sostener el resultado y porque también lo tiene a Paredes.

