SIN RECAMBIO

En la calurosa tarde de enero, Boca Juniors recibió a Millonarios de Colombia en un amistoso internacional por la Copa Miguel Ángel Russo, el querido Miguelo, técnico que dejó huella y campeonatos en ambas instituciones.

Claudio “el Sifón” Úbeda optó por modificar el esquema: desarmó el doble nueve y mandó a la cancha a Brian Aguirre por el lesionado Giménez. En el mediocampo, la apuesta fue clara: Ander Herrera jugando cerca de Leandro Paredes, para que el fútbol nazca desde ese sector, con buen pie y lectura de juego.

El arranque fue del conjunto cafetero. Millonarios presionó alto, con Alex Castro encima de Barinaga y el capitán David Silva persiguiendo a Paredes para quitarle tiempo y espacio. Boca tardó unos minutos en acomodarse, pero cuando empezó a mover la pelota en el medio, aparecieron los espacios.

La primera clara fue para el Chango Zeballos, que quedó mano a mano tras un pase entre líneas de Delgado, pero De Amores ganó el duelo con una salida rápida. Luego, tras un córner, Di Lollo ganó en las alturas y su cabezazo se fue alto.

Boca empezaba a encontrarle la vuelta al partido, sobre todo por la izquierda, donde la velocidad de Zeballos era un problema constante para la defensa rival.

El eje del equipo era Ander Herrera. Con libertad total, el vasco manejaba los tiempos, se movía para recibir, y descargaba en un toque para acelerar cada ataque. Desde sus pies nacían las situaciones de peligro.

A los 21 minutos llegó una jugada preparada: tiro libre de Paredes, que en vez de tirar el centro abrió para Aguirre. El 33 desbordó a Samuel Martín y mandó el centro atrás para Merentiel, que entrando por el primer palo obligó a otra gran respuesta del arquero colombiano.

Diez minutos más tarde, después del cooling break, Merentiel aguantó de espaldas y tocó para Herrera, que metió un pase recto y quirúrgico para Aguirre. Otra vez mano a mano, pero otra vez faltó decisión en la definición.

Y a los 41, Paredes metió un pase largo perfecto para Zeballos, que hizo la diagonal desde la izquierda al centro y quedó con la pelota en el punto penal. De Amores volvió a achicar rápido y le ganó el duelo.

El primer tiempo se iba con un Boca superior, que generó, presionó y dominó mientras Herrera y Paredes estuvieron en cancha.

Pero el segundo tiempo cambió.
La salida de Ander Herrera para el ingreso de Alarcón le quitó claridad al equipo. Boca perdió control, empezó a dividir la pelota y Millonarios se animó un poco más, acercándose al arco de Marchesín.

A los 11 del complemento, Aguirre metió un centro para Merentiel, que remató mal, la pelota picó y se fue apenas por encima del travesaño. Después de eso, el partido entró en una meseta.

El ingreso de Radamel Falcao a los 20 minutos solo sirvió para que la Bombonera le recordara su pasado en River con el clásico: “Vos sos de la B”.

Boca tuvo dos más: a los 22, Zeballos juntó marcas y abrió para Merentiel, cuyo remate explotó en el travesaño; y a los 27, Barinaga sacó un derechazo desde lejos que el arquero mandó al córner, provocando el “uhhh” de la tribuna.

Cuando todo indicaba que el empate se definiría por penales, al menos eso pensábamos, llegó la última emoción: mala salida desde el fondo de Millonarios, Delgado recuperó, Boca atacó con remates de Merentiel y Zeballos, y en medio de los rebotes, Ariel Penel sancionó penal.
Lo tomó Zeballos, el que más lo había intentado en toda la noche. Remate suave, a la izquierda de De Amores… y el arquero lo atajó.
Fue 0 a 0.

Copa Miguel Ángel Russo para cada uno.
Un empate que deja algo en claro: Boca jugó sus mejores 45 minutos cuando Herrera y Paredes estuvieron juntos. En el segundo tiempo el equipo se quedó sin ideas, sin sorpresa, sin recambio desde el banco.

El mensaje es tan simple como contundente:
cuando hay fútbol, Boca fluye.
cuando falta, todo se vuelve cuesta arriba.

Gustavo Pereyra @gopereyra

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