FUE BAILE. BOCA LE HIZO PRECIO

Tarde de sol en La Boca. Superclásico en la Bombonera. Boca llegaba en levantada, con la conducción del “Sifón” Úbeda y el respaldo de su gente. Enfrente, un River golpeado, tambaleante tras una seguidilla de derrotas y con el histórico Marcelo Gallardo en el centro de todas las miradas.

El ambiente era inmejorable: banderas, el repertorio completo de canciones de la hinchada boquense, tribunas colmadas y varias personalidades en los palcos. Clima de clásico, de esos que se sienten en el pecho.

Gallardo, fiel a su estilo cuando enfrenta a Boca, plantó un equipo defensivo, con cinco hombres atrás, apostando al cerrojo y al roce para cortar el circuito futbolístico xeneize. Ya a los 15 minutos, Martínez Quarta fue amonestado por una falta sobre Exequiel Zeballos, que se escapaba en velocidad. Parecía que el plan del “Muñeco” podía funcionar: Boca no encontraba los espacios y River lograba enfriar el partido.

Pero a los 33, todo cambió. Meza se lesionó y Gallardo, en una decisión insólita, mandó a la cancha a Galarza Fonda, casi sin minutos en el torneo. Y cuando el 0 a 0 parecía sellado para el entretiempo, Ayrton Costa sacó un pase largo desde el fondo, Milton Gimenez anticipó al chileno Díaz y la pelota le cayó al Chango Zeballos. El 7 de Boca le ganó el pique a Rivero, enfrentó a Armani, definió, el arquero dio rebote y —como en una película— el propio Zeballos empujó el balón a la red. Uno a cero. Locura. Éxtasis. La Bombonera en llamas.

River protestó una supuesta falta previa, pero el gol fue legítimo.

El segundo tiempo comenzó con Boca decidido a liquidarlo. A los 3 minutos, Gimemez disputó la pelota con un rival, la jugada derivió para Zeballos que arrancó desde mitad de cancha, corrió 40 metros con la pelota dominada por la banda izquierda, en los metros finales hizo una diagonal y sirvió el centro atrás para que Miguel Merentiel, la Bestia uruguaya, pusiera el 2 a 0. Golazo de contra, gol de equipo. Y de ahí en adelante, todo fue dominio azul y oro.

Cada vez que Zeballos encaraba, temblaba la defensa millonaria. En una de esas, el chileno Palacios picó al vacío por la derecha y su remate fue tapado con la mano por Armani fuera del área: el árbitro Nicolás Ramírez solo amonestó, cuando muchos pedían la roja.

A los 13, Lautaro Blanco desbordó por izquierda, Martínez Quarta —ya amonestado— no pudo cortar, centro perfecto para Milton Giménez que increíblemente la tiró afuera. Boca era un vendaval.

River respondió con patadas. Montiel bajó a Zeballos y volvió a ser perdonado. Giménez tuvo otra y la desperdició. Pero con el ingreso de Ander Herrera, Boca tomó aún más control del medio: toque, circulación, “ole, ole, ole” desde las tribunas, y una patada de frustración al cerebro xeneize, Leandro Paredes, que simbolizó la impotencia visitante.

Hubo una jugada sobre el final, Armani derribó con falta a Gimenez, en primera instancia el juez dio penal, Armani, Nacho Fernandez desde afuera y todo el equipo millonario imploraba que lo verifique en el VAR, y como sucede habitualmente contra Boca, en la revisión el referi decidió anular el penal.

El equipo de Gallardo nunca encontró respuestas. Ni los ingresos de Borja ni de Juanfer Quintero lograron inquietar a Marchesín, que tuvo una tarde sobria. La dupla central Di Lollo – Ayrton Costa fue impecable; Costa, en particular, ganó todos los duelos. Y Milton Delgado, una rueda de auxilio incansable en el medio.

Final del partido. Explosión. Salto colectivo. Locura. Boca 2, River 0.
La Bombonera fue una fiesta. Con este triunfo, Boca Juniors asegura su clasificación a la Copa Libertadores, lidera su grupo con autoridad y renueva la ilusión.
Del otro lado, River y Gallardo se hunden en una crisis deportiva que promete sacudir Núñez.

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