DECEPCIÓN MONUMENTAL

Boca cayó ante River 2-1 en un estadio Monumental que tenía más gente de la permitida. Al equipo de Seba Battaglia se le fue el partido de las manos en los primeros 25 minutos de juego y por momentos se comió un baile de novela. Agustín Rossi y Marcos Rojo, grandes responsables de la derrota.

Intentar sacarle la pelota a River y ser protagonista en Núñez no iba a ser tarea fácil para Boca está tarde. El esquema y la idea de juego que venia sosteniendo el equipo requería de mucha concentración y ninguna fisura. En apenas 15 minutos todo se fue por la borda. Marcos Rojo, se hizo con dos amarillas en un lapso de 75 segundos. Es cierto, la primera tarjeta es discutible, pero la segunda va mal sin medir consecuencias y Fernando Rappalini compró todo el griterío de los 55 mil hinchas locales y dejó con diez al equipo visitante.
Battaglia quemó los papeles y movió fichas: afuera Edwin Cardona, quizás el único con generación de juego en el equipo y adentro Carlos Zambrano para reacomodar la defensa.
Boca nunca más pudo generar más de tres pases seguidos de mitad de cancha para arriba.

Agustín Rossi tuvo una tarde como las que solía tener a principios de 2018 y lo eyectaron del club. En 25 minutos Julian Álvarez disparo de afuera del área un disparo al medio del arco, apenas elevado y el arqueo respondió de la peor forma. Mal ubicado, perdió de vista la pelota y erró en el manotazo. Todo al revés hizo el bueno de Agustín.
Casi veinte minutos después y aún aturdido entregó mal un pase en campo propio y generó la contra que derivó en el segundo tanto de Álvarez. El 2-0 ya a esa altura estaba justificado por lo hecho por uno y otro equipo.

El complemento fue un monólogo del equipo de Gallardo. Los cambios que realizó Battaglia en el entretiempo de nada sirvieron. Esteban Rolón y Christian Medina nada pudieron hacer para modificar el tramite del partido.
River pudo haber hecho más goles pero falló el último toque en los últimos metros y en otras Rossi respondió.

Faltando veinte minutos Áaron Molinas ingresó por Pavón y Vázquez por Orsini y el equipo levantó levemente su nivel. No hay dudas de que entrarom tarde los pibes.

Sobre el final Zambrano descontó y maquilló un resultado que nunca estuvo al alcance de la mano, ni por juego ni por actitud.

Boca jugó quizás el peor súper en años. Similar a lo que fue la primera semifinal de Copa de 2019.

Seba Battaglia deberá definirse y dejar en claro a qué quiere jugar en los partidos clave: y en quienes confiar para llevar a cabo su idea de juego. O se decide por los pibes o apostar por los experimentados.

Continuar confiando en los experimentados que han fallado una y otra vez excusándose en su experiencia parece no ser la solución. En cambio los pibes, en su mayoria, respondieron y tendrán el respaldo del hincha. Algo que muchos de los sub 30 ya no tienen.

La bala de plata es la Copa Argentina y Battaglia no puede ni debe fallar. Otra vez, no.

Fede Perez Rivero
@FedePR12