EL DT DE LA DÉCADA

En tiempos de cuarentena y sin mayores novedades sobre la reanudación de la actividad; llegó el momento de replantearse quién fue el mejor entrenador de Boca en la reciente década finalizada en diciembre pasado.

Algunos ciclos no duraron más de trece partidos y otros comenzaron con muchas dudas y terminaron batiendo récords y yéndose al poco tiempo por la puerta de atrás.

La década arrancó con Abel Alves reemplazando a un Coco Basile, cansado de las internas de un vestuario con mucha personalidad. El “Chueco” se fue del club tras perder 3-0 ante Colón en Santa Fe y con fuertes rumores de una pelea a puños con un muy joven arquero Javier García en la previa de dicho encuentro. Aquel campeonato bajo el comando de Álves, Boca derrotó a River por dos a cero con un doblete del chileno Gary Medel.

Para el Apertura de aquel año, Jorge Ameal y su comisión directiva decidieron que el técnico debía ser Claudio Borghi, recientemente campeón con Argentinos Juniors. El “Bichi” llegó con varios jugadores de buen pasado en sus equipos y un esquema de juego revolucionario. El resultado fue desastroso. Cinco triunfos, dos empates y ¡Siete! Derrotas fueron los números que lo eyectaron del puesto. Su último partido fue en la derrota en el clásico ante River por uno a cero. Cabe destacar que el DT ya había amagado con presentar su renuncia apenas arrancado el campeonato luego de perder ante Racing y All Boys.

Para Enero de 2011, año electoral en el club. Ameal se la jugó y fue a buscar a Julio Falcioni. El “Emperador” tuvo varios chispazos con Román Riquelme y durante las primeras fechas los resultados no acompañaban. Boca había armado un equipazo y en el debut como local Godoy Cruz lo goleaba 4-1. Pasaron los partidos y al equipo no le salía una. Hasta Martín Palermo sufría la racha de diez encuentros sin marcar goles. Pasaron los encuentros y el quiebre fue ante Tigre como local, el equipo levantó un 0-2 y el 3-3 si bien lo dejó casi afuera de la pelea por el título mostró una mejora emocional y futbolística. Semanas más tarde Boca pasó por arriba a un River que se hundía en los promedios y los triunfos llenaron de confianza a un equipo que mejoró de forma notable en defensa y ataque. El Apertura 2011 marcó un hito para la historia de los torneos cortos del fútbol argentino. Boca salió campeón invicto, le sacó doce puntos de ventaja a su escolta y solamente recibió 6 goles en contra. Hecho histórico y sin precedentes en la historia moderna del fútbol de Primera División.

Llegó el 2012 y con él una nueva comisión directiva. Angelici, el flamante presidente decidió darle continuidad al proceso de Julio César. Llegó la Copa Libertadores y con ella el primer chispazo serio entre el entrenador y el plantel. El affaire en Barinas, Venezuela fue un síntoma de que algo no andaba bien en el vestuario, pese a que los buenos resultados se seguían sosteniendo. El espectacular 4-5 vs Independiente marcó el fin de un invicto de ¡38 partidos! consecutivos sin conocer la derrota sumando torneo local, copa argentina y libertadores. Pese a esa derrota; el equipo siguió cosechando triunfos y llegó con chances de bicampeonato hasta la fecha 18 cuando cayó de forma sorpresiva ante Arsenal en la Bombonera. Pero el golpazo más fuerte estaba a la vuelta de la esquina. El 4 de julio y luego de una sucesión de decisiones y declaraciones desafortunadas; el equipo salió al campo de juego del Pacaembú con la cabeza en otro lado, menos en dicha final y el resultado fue contundente. 0-2 ante el Corinthians y adiós al sueño de la séptima.

Riquelme post partido también decidía no seguir jugando bajo las ordenes de Falcioni. Pese a la obtención de la Copa Argentina a principios del segundo semestre ante Racing; el hincha nunca le perdonó al Emperador la salida del Torero y se lo demostró en una calurosa tarde pidiendo a gritos por la vuelta del ídolo y del Virrey Bianchi. Angelici, que horas antes le había renovado de palabra el vínculo al DT, se dejó llevar por el clamor popular y fue el final del ciclo de Julio César. El emperador en total dirigió a Boca en 99 encuentros oficiales; cosechó un total de 47 victorias, 37 empates y solamente 15 derrotas. El porcentaje de victorias fue de un %60,48.

El “Tano” Angelici les dio el gusto a los hinchas y Carlos Bianchi volvía a ponerse el buzo de DT de Boca y con él Román Riquelme volvía a empilcharse con la 10 en su espalda. Lo que parecía ser un cuento de hadas en el 3-2 contra Quilmes en la vuelta del Virrey, con tintes místicos; terminó siendo un cuento de terror.
Aquel Torneo Final Boca finalizó en el puesto 18 con derrotas históricas ante San Martín de San Juan por 6-1 y Unión de Santa Fe 0-3 en la Bombonera. La Copa Libertadores, no fue la excepción y los penales, que tantas alegrías le habían dado en años anteriores a Boca y al propio Bianchi, les jugaron una mala pasada ante Newell´s en Rosario y el sueño copero se esfumó en cuartos de final.
Para el torneo siguiente el equipo tuvo un andar irregular, tanto como lo fue el campeonato. Boca hasta la fecha 17 del campeonato tuvo chances claras de salir campeón, aún perdiendo partidos increíbles ante Olimpo, San Lorenzo, Arsenal y All Boys. Un dato no menor, en aquel 2013 el plantel de Boca sufrió 60 lesiones y Bianchi nunca pudo repetir el equipo de un partido a otro. Para el año 2014, las internas en el plantel estallaron y los flashes se iban con un Riquelme enfrentado con la dirigencia que lo ninguneaba y se negaba a negociar su renovación de contrato. El 2do puesto obtenido en aquel campeonato de poco le importó a los hinchas que veían como el Torero se iba por la puerta de atrás a Argentinos Juniors. En el arranque del Inicial 2014 todo fue para peor. Bianchi no le pudo encontrar la vuelta a un plantel al que nunca le pudo llegar del todo. Las derrotas 0-3 a manos ante Atlético Rafaela en la Bombonera y posteriormente un 1-3 ante Estudiantes en La Plata fueron determinantes para que Daniel Angelici eche por teléfono al Técnico más ganador de la historia de Boca. Desde aquel agosto de 2014 que Carlos Bianchi no volvió a pisar la Bombonera. El tercer ciclo del Virrey reflejó un total de 74 encuentros; en ellos Boca salió ganó y perdió en 26 veces y empató otros 22 encuentros. El promedio fue apenas de 35 % y la diferencia de gol fue de -10. Un ciclo tristemente olvidable para Don Carlos.

Setenta y dos horas después de haber echado a Carlos Bianchi, la dirigencia optó por contratar a Rodolfo Arruabarrena; el “Vasco” un hombre de los riñones de Boca, criado y formado en inferiores se hacía cargo del primer equipo y los primeros partidos entusiasmaron al mundo Xeneize. Pero llegaron los primeros partidos calientes para el elenco de Rodolfo y todo se volvió turbio. En un pequeño partido de 35 minutos Boca perdía el campeonato a manos de Racing que le daba vuelta el partido con dos apariciones de Gustavo Bou. De haber sostenido la ventaja esa tarde ante la Academia; el equipo de la Ribera se colocaba segundo a sólo dos puntos de River, que luego terminaría perdiendo el campeonato precisamente con el elenco de Diego Cocca.

La Copa Sudamericana parecía ser el escenario ideal para que Boca se reencuentre con la gloria en el plano internacional; pero llegó el cruce por semifinales ante River y todo se volvió oscuridad. El penal que malogró el Puma Gigliotti fue el principio del fin para el Vasco y toda una generación de jugadores y dirigentes. En 2015 llegó cargado de ilusiones pese a la desilusión de la Sudamericana. Daniel Osvaldo llegaba como la figura estelar y el equipo desfilaba en el loco campeonato largo de 30 equipos, al igual que en la fase de grupos de la Libertadores; pero el 14 de mayo en el entretiempo de un nuevo cruce copero ante el equipo de Gallardo, el Panadero entró en acción y el sueño de la séptima se archivó en un escritorio de la Conmebol. Un dato no menor, Boca en esos 136 minutos que disputó la llave ante River no convirtió goles y solo contó con una sola chance clara de gol. Para la segunda mitad del campeonato la vuelta de Tévez le dio a Boca el aire que necesitaba para llevarse aquel torneo largo y la Copa Argentina en un polémico desempeño del árbitro Diego Ceballos. Boca pese a no tener un nivel de juego claro se llevaba la doble corona nacional en apenas 96 horas y Daniel Angelici se aseguraba la reelección días más tarde.

En 2016, el ciclo de Rodolfo ya estaba desgastado en lo emocional. Pese a la doble coronación las eliminaciones ante River no terminaban de sanar y en la Supercopa Argentina, San Lorenzo le dio un baile de novela. 4-0 a favor del Ciclón y el Vasco se veía cada vez más cerca de la puerta de salida de Casa Amarilla. En paralelo Guillermo Barros Schelotto, era alentado por Mauricio Macri, en ese entonces presidente de la nación para que abandone su labor en el Palermo italiano y espere agazapado el final de Arruabarrena. El 68, 95 % de los puntos obtenidos producto de 46 triunfos en 74 encuentros de nada le sirvieron a Rodolfo Martín Arruabarrena, que debió abandonar el puesto de DT, tras la derrota ante Racing por uno a cero en Avellaneda por la 5ta fecha del Torneo de Transición. Esa tarde que el Vasco dejaba de ser el DT de Boca; en paralelo marcaba el inicio de la era del Mellizo Guillermo al frente del primer equipo. El “Vasco” se fue al fútbol asiático entre gallos y medianoches sin poder despedirse del plantel ni de los hinchas.

El ciclo de Guillermo fue una montaña rusa de emociones. Podríamos decir que todos nos subimos a la montaña rusa de la película de terror “Destino Final”. El Mellizo ganó un bicampeonato casi sin despeinarse, pero su terquedad y soberbia le jugaron una mala pasada en las paradas coperas y lo pagamos caro. En 2016, con apenas 100 días de trabajo, falló feo en ambos planteos en el doble choque por las semifinales de Libertadores ante el simpático Independiente Del Valle de Ecuador y la final la tuvimos que ver por TV. En 2018 las dos finales perdidas, por SuperCopa Argentina y Copa Libertadores respectivamente ante River, fueron un coctel explosivo que nos tomamos todos a fondo blanco y “Chapita” ya no tuvo más crédito.
El Mellizo, al igual que su antecesor Arruabarrena no pudo ni supo ganar los partidos calientes. No dio la talla y debió exiliarse en la excéntrica liga estadounidense. En total el Guille dirigió en 117 oportunidades y cosechó el 62, 68% de los puntos.

En 2019 Gustavo Alfaro y su Falcon Sprint se llevaron puestos las expectativas del hincha. Su empoderado juego férreo y conservador nos mantuvieron en vilo hasta último momento, pese a que el equipo nunca terminó de jugar bien; los resultados lo respaldaban a nivel local . Lechuga ganó una Supercopa Argentina en la vía de los penales ante Rosario Central y se mantuvo como animador de los dos campeonatos locales, todo venía bien y el Falcon parecía imparable, pero empezaron las averías y el coche se fue barranca abajo. En la Copa de la Superliga, un Tigre descendido lo vencería por dos tantos contra cero en el estadio Kempes de Córdoba Capital. Meses más tarde, y en el debut de Daniele De Rossi con la azul y oro, Almagro, otro equipo de la segunda categoría del fútbol argentino lo eliminaba de la Caopa Argentina en la vía de los penales. Lo peor para Lechuga, estaba por venir. En la instancia de semifinales de la Libertadores fue a la cancha de River con la idea de aferrarse al empate con Franco Soldano de volante por derecha pero a los cinco minutos de partido el VAR tiró sus planes por la borda. El 1-2 del resultado global marcó una nueva eliminación copera de Boca a manos de River y Alfaro no tuvo mejor idea que expresar a viva voz que quería irse a su casa con Boca aun disputando un campeonato que lo tenía como animador. Llegaron las tan esperadas elecciones de Diciembre y con ella el ciclo de Angelici y Lechuga Alfaro concluyeron con más penas que glorias. Sorprendentemente Alfaro disputó 50 partidos y obtuvo el 64,57 % de los puntos como consecuencia de 27 triunfos, 26 empates y tan solo 7 derrotas.

En diez años, Boca tuvo ocho entrenadores bajo dos conducciones diligénciales. El que más efectividad obtuvo fue el Vasco Arruabarrena con casi el 70% y el que peor coeficiente cosechó fue “Bichi” Borghi con casi el 30% en sus tres meses de estadía. Queda claro que a lo lejos en el tiempo y repasando una a una las campañas; hubo ciclos que si bien en números parecen ser más exitosos que otros, no lograron capitalizar esas estadísticas con títulos y triunfos resonantes acordes a la historia grande de Boca. Por ello, lo hecho por Julio Falcioni es para destacar y valorar. El emperador le puso su sello a un equipo que fue de menor a mayor y que con el paso de los partidos se mostró confiable y seguro; y que, por sobre todas las cosas, nunca desentonó en los clásicos y en la vitrinas del club.
Federico Perez Rivero
@FedePR12