LA FIESTA INOLVIDABLE

24 de Mayo del 2000, noche casi primaveral, curiosa para la época. Incluso varios hinchas se animaron a ir en remera hasta la Bombonera. No cabía un alfiler en las tribunas. Más de 60 mil personas asistieron al por entonces Camilo Cichero. Claro las declaraciones del equipo visitante, el saber que Boca debía levantar la serie y el posible retorno de Palermo a las canchas luego de seis meses y catorce día, fueron un cóctel perfecto para invitar a los hinchas a la Bombonera. Nadie quiso dejar de asistir a esa noche mágica.

El partido no había comenzado y en las tribunas del estadio hubo un estruendoso griterío. El “Palermo,, Palermo” bajó como una ola desde los cuatro costados al ser anunciado como uno de los jugadores suplentes por la voz del estadio. Boca ya estaba “ganando el partido anímico” La gente sabía que él sería el encargado de darle la llave de la clasificación al Xeneize.

El partido comenzó a las 21.05 horas y fue un primer tiempo áspero, trabado con muy pocas situaciones de gol. Es más, Boca casi que ni se pudo acercar al arco riverplatense.

Llegó el segundo tiempo y enseguida Martín Cardetti no puede empujar la pelota que hubiera sentenciado la eliminatoria en favor de River. Llegaron los quince minutos del complemento y Riquelme le pone un pase a la carrera a Marcelo ´Chelo´Delgado para que éste la cruce por sobre la salida de Tito Bonano. Uno a cero el partido chico, 2-2 el largo y hasta ahí penales.

La gente rezaba, imploraba porque se dé el milagro. En 30´la Bombonera se viene abajo ¿Otro gol? No. Bianchi manda a la cancha a Martín Palermo en lugar de Alfredo Moreno. Los jugadores de River no lo podían creer, Gallego no lo podía creer, los hinchas del Millo estaban petrificados en las dos cabeceras que dan al Riachuelo; y hasta algunos periodistas en las cabinas ubicadas en las plateas lo estaban claro; y es que el Titán no había hecho fútbol en la semana. Muchachos Palermo aún mostraba gestos de dolor cuando se lo exigía en los entrenamientos previos. Bianchi confió en él, ´Tolo´ Gallego del otro lado con sus declaraciones poco felices le tocó la fibra y el optimista del gol, fue más optimista que nunca.

Pero esperen todavía falta un pedazo de la historia, porque en cuarenta minutos Roberto Trotta, el mismo que había declarado que ya tenían en el bolsillo los boletos para ir a Japón, bajó a Sebastián Battaglia y Ángel Sánchez marcó penal. Riquelme lo cambió por gol y el milagro ya estaba hecho; el equipo del Virrey pasaba al frente en el global por 3-2 y se metía en semifinales. Pero claro, faltaba lo mejor.

En casi 45 y mientras el cuarto árbitro marcaba cuatro minutos más de tiempo agregado el Torero le metía un caño de antología a Mario Yepes sobre la línea de cal. Minutos más tarde, exactamente a los 48 minutos con 59 segundos la pelota le quedó en el área grande a Palermo y tras varios giros aparatosos, producto de la misma lesión, para acomodarse y ante la paralizante actitud de los centrales Berizzo y Yepes puso la pelota sobre el rincón del palo derecho de Bonano para hacer llorar a todo un estadio. Martín corrió empapado en lágrimas a abrazar a Bianchi, al doctor Batista, actor necesario en su recuperación y al preparador físico Julio Santella que lo preparó exclusivamente para que llegue aunque sea entre algodones a esa noche.“

El muletazo” fue inmortalizado ese día. Es que el delantero le pegó a la pelota como si estuviera portando una muleta, las mismas que había largado a principio de año. Ángel Sánchez con gran tino decidió dar por finalizado el encuentro en ese mismo instante. 3-0 en los noventa minutos y 4-2 en los 180 totales. Boca sacaba pasajes para ir a México para jugar con el América de México y un mes más tarde a Japón para jugar con el Real Madrid. Del otro lado River debía conformarse con sacar pasajes para ir a Santa Fe y a Córdoba para completar el calendario del ya extinto Torneo Clausura.

Pasaron 20 años, parece mucho tiempo y es cierto. Fue una de las más gloriosas y épicas de la historia de los superclásicos y todo hincha de Boca la debe llevar consigo en su memoria y en su corazón.

Federico Pérez Rivero
@FedePR12