20 AÑOS NO ES NADA

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Se cumplen dos décadas del comienzo del cruce a ida y vuelta contra River por los cuartos de final de la Copa Libertadores. Dos duelos que quedaron en  la historia no sólo por el resultado de cada uno de los partidos en sí, sino por las declaraciones en la previa y en el post de los mismos y el final cinematográfico que tuvo la serie.

La “Semana de mayo”; es uno de los sucesos más emblemáticos de la historia argentina y es, en las escuelas primarias, donde se les explica e inculca a cada uno de los chicos los distintos hechos que se fueron dando en aquellos días de 1810: cuando un grupo de hombres cansados del Virrey Baltazar Cisneros,  decide derrocarlo y formar, lo que se conoció como el primer gobierno patrio.  Exactamente 190 años después de esos hechos, y otra vez en la ciudad de Buenos Aires, se vivió una semana de mayo muy especial. Claro, uno de los protagonistas no era el Virrey de España, sino el Virrey de La Boca.  Hoy, 20 años después, rememoraremos cada uno de los actos que se fueron sucediendo en esos días del 2000 y, que al igual que aquellos hechos de principio del siglo XIX, no deben faltar en ningún manual de historia.

Foto @fotosroman10 – Diario Popular

El miércoles 17 de mayo, en una noche fría y lluviosa, Boca visitó un semi vacío estadio Monumental y cayó por dos tantos contra uno. El empate transitorio para el Xeneize lo había marcado Román con un tiro libre tan perfecto, que hasta Roberto Bonano, arquero de River, quiso contemplar de pie. La pelota se desplomó en el ángulo del palo izquierdo del arquero que sólo atinó a quedarse parado.  Cabe destacar que, hasta ésa noche y aunque parezca mentira,  los hinchas no le daban tanta importancia a la Copa Libertadores.  Era otro formato de torneo totalmente distinto al que se  conoce hoy en día, ni siquiera el gol de visitante tenía un plus extra si había igualdad en el resultado.

El equipo de la Ribera cometió errores groseros en defensa que le permitieron a Juan Pablo Ángel y posteriormente a un muy jovencito Javier Saviola marcar los goles con los que el equipo millonario se quedaría con la victoria y la ventaja para ir a la Bombonera a buscar la clasificación a las semifinales y por qué no los pasajes a Tokio, como declararon días antes a la revancha varios referentes del plantel de Núñez.
En la rueda de prensa previa al choque decisivo en Brandsen al 800 a Américo Gallego, se le fue la lengua, y se burló de la situación de Martín Palermo, que 6 meses atrás sufría le lesión de ligamentos cruzados de su rodilla izquierda y con ironía sentenció: “De Boca no me preocupa nada. Y otra cosa: si ellos ponen a Palermo en el banco yo lo pongo a Enzo (por Francescoli), así que no hay problema”.

Claro, el Tolo sabía que en Casa Amarilla estaban preparando la vuelta del goleador y bromeó con la situación. Precisamente, en la zona sur de la Capital Federal, Carlos Bianchi, un sabio del fútbol, colocó en las paredes del vestuario cada una de las declaraciones que venían realizando los jugadores de River. “Ellos ya tienen los tickets para ir a Japón, muchachos. ¿Qué van hacer?”  Recordó el Patrón Jorge Bermúdez años más tarde en una charla; que les dijo el Virrey previó a la última práctica de cara al partido. Minutos más tardes se acercó al todavía dolorido y rengo Palermo y con una mano en el hombro le preguntó cómo se sentía para jugar  Todo el mundo Boca sabía que Carlos pondría a Palermo si el partido lo ameritaba y vaya si cumplió.

24 de Mayo del 2000,  noche casi primaveral,  curiosa para  la época. Incluso varios hinchas se animaron a ir en remera hasta la Bombonera. La Bombonera, que en los duelos previos por copa no  había presentado un lleno total, rebalsaba de gente. No cabía un alfiler en las tribunas. Más de 60 mil personas asistieron al por entonces Camilo Cichero.  Claro las declaraciones del equipo visitante, el saber que Boca debía levantar la serie y el posible retorno de Palermo a las canchas luego de seis meses y catorce día, fueron un cóctel perfecto para invitar a los hinchas a la Bombonera. Nadie quiso dejar de asistir a esa noche mágica.

El partido no había comenzado y en las tribunas del estadio hubo un estruendoso griterío. El “Palermo,, Palermo” bajó como una ola desde los cuatro costados al ser anunciado como uno de los jugadores suplentes por la voz del estadio. Boca ya estaba “ganando el partido anímico” La gente sabía que él sería el encargado de darle la llave de la clasificación al Xeneize.

El partido comenzó a las 21.05 horas y fue un primer tiempo áspero, trabado con muy pocas situaciones de gol. Es más, Boca casi que ni se pudo acercar al arco riverplatense.

Llegó el segundo tiempo y enseguida Martín Cardetti no puede empujar la pelota que hubiera sentenciado la eliminatoria en favor de River. Llegaron los quince minutos del complemento y Riquelme le pone un pase a la carrera a Marcelo ´Chelo´Delgado para que éste la cruce por sobre la salida de Tito Bonano. Uno a cero el partido chico, 2-2 el largo y hasta ahí penales.

La gente rezaba, imploraba porque se dé el milagro.  En 30´la Bombonera se viene abajo  ¿Otro gol? No.  Bianchi manda a la cancha a Martín Palermo en lugar de Alfredo Moreno. Los jugadores de River no lo podían creer, Gallego no lo podía creer,  los hinchas del Millo estaban petrificados en las dos cabeceras que dan al Riachuelo; y hasta algunos periodistas en las cabinas ubicadas en las plateas lo estaban claro;  y es que el Titán no había hecho fútbol en la semana. Muchachos Palermo aún mostraba gestos de dolor cuando se lo exigía en los entrenamientos previos. Bianchi confió en él, ´Tolo´ Gallego del otro lado con sus declaraciones poco felices le tocó la fibra  y el optimista del gol, fue más optimista que nunca.

Pero esperen todavía falta un pedazo de la historia, porque en cuarenta minutos Roberto Trotta, el mismo que había declarado que ya tenían en el bolsillo los boletos para ir a Japón, bajó a  Sebastián Battaglia y Ángel Sánchez marcó penal. Riquelme lo cambió por gol y el milagro ya estaba hecho; el equipo del Virrey pasaba al frente en el global por 3-2 y se metía en semifinales. Pero claro, faltaba lo mejor.

En casi 45 y mientras el cuarto árbitro marcaba cuatro minutos más de tiempo agregado el Torero le metía un caño de antología a Mario Yepes sobre la línea de cal.  Minutos más tarde, exactamente a los 48 minutos con 59 segundos la pelota le quedó en el área grande a Palermo y tras varios giros aparatosos, producto de la misma lesión, para acomodarse y ante la paralizante actitud de los centrales Berizzo y Yepes puso la pelota sobre el rincón del palo derecho de Bonano para hacer llorar a todo un estadio. Martín corrió empapado en lágrimas a abrazar  a Bianchi, al doctor Batista, actor necesario en su recuperación y al preparador físico Julio Santella que lo preparó exclusivamente para que llegue aunque sea entre algodones a esa noche.“

El muletazo” fue inmortalizado ese día. Es que el delantero le pegó a la pelota como si estuviera portando una muleta, las mismas que había largado a principio de año.  Ángel Sánchez con gran tino decidió dar por finalizado el encuentro en ese mismo instante. 3-0 en los noventa minutos y 4-2 en los 180 totales. Boca sacaba pasajes para ir a México para jugar con el América de México y un mes más tarde a Japón para jugar con el Real Madrid. Del otro lado River debía conformarse con sacar pasajes para ir a Santa Fe y a Córdoba para completar el calendario del ya extinto Torneo Clausura.

Pasaron 20 años, parece mucho tiempo y es cierto. Pero esa semana del 17 al 24 de mayo del 2000, fue una de las más gloriosas y épicas de la historia de los superclásicos y todo hincha de Boca la debe llevar consigo en su memoria y en su corazón.

Federico Pérez Rivero
@FedePR12