QUE NOS VOLVAMOS A VER

Naithan Nández, se despidió de Boca con una doble actuación en la serie ante Atlético Paranaense para el recuerdo. El aguerrido charrúa no escatimó energías y metió como si hubieran sido sus primeros partidos con la Azul y Oro, como si la vida se le fuera a ir en este ida y vuelta de octavos de final de Copa Libertadores.

Naithan fue, sin dudas, lo mejor que le pasó a Boca en muchísimo tiempo. Él le devolvió al hincha ese jugador férreo y corajudo que pareció haber quedado olvidado a principios de este siglo. No es un adiós, es un hasta luego.

Con tan sólo veinte años era dueño del mediocampo y capitán de Peñarol de Uruguay, y el Maestro Tabárez un sabio del fútbol sudamericano que no dudaba en convocarlo a la selección mayor del vecino país, fue quien lo recomendó para Boca.

Los mellizos Schelotto, tomaron el consejo de su ex entrenador y le pidieron a los dirigentes que lo traigan para ese mercado de pases de invierno del año 2017.

Estoy seguro que fue la mejor incorporación que realizó el Tano Angelici desde que asumió en Diciembre de 2011

Naithán desde el día uno se metió en la piel del hincha de Boca y entendió de qué venía la cosa. Pierna fuerte, ganas y nunca dar por perdida una pelota. Llegar al gol ya era un plus, bienvenido. Y vaya que fue bien recibido. No conforme con debutar con un golazo en la Bombonera y ante Godoy Cruz por la tercera fecha de la Superliga. Se dio el gusto de marcar en su primer superclásico, nade menos que en el Monumental y para darle el triunfo a Boca por dos tantos contra uno.

Con el correr de las fechas llegarían más goles, como uno que le marcó con maestría a Colón en la Bombonera, la tarde en que Tévez regresaba de China en la reanudación de la Superliga 17/18 que finalmente el xeneize conquistaría de punta a punta.

El joven nacido en Punta Del Este no sólo marcó goles importantes, sino que también hizo frente a todo y a todos con la camiseta azul y oro puesta.

Por Copa Libertadores, en un partido caliente ante Palmeiras por la ida de las semifinales no tuvo miedo en tirarse de cabeza para trabar una pelota que parecía perdida en campo adversario y con su frente, no sólo que recuperó el esférico, sino que además consiguió un córner tras esa intervención. La Bombonera se vino abajo con esa corajeada que tendrá su lugar en la historias de las noches coperas que se vivieron en Brandsen al 800. A la semana siguiente los volvió a hacer en el Allianz Parque de San Pablo.

Semanas más tarde, en España, sus lágrimas fueron las de todos nosotros. En la final más importante de la era moderna de Boca, Naithan estuvo a la altura y dejó todo y más también. No perdió su duelo con los mediocampistas riverplatenses y en la última jugada del primer tiempo le puso una asistencia perfecta a Benedetto para que éste marque el transitorio uno a cero.

En el alargue y cuando las piernas ya no respondían y un fuerte calambre lo aquejaba siguió corriendo y metiendo hasta no poder más del dolor. Lamentablemente su esfuerzo no fue el del resto del plantel y el resultado no pudo sostenerse. Más allá de la derrota los hinchas reconocimos su esfuerzo y ganas de vencer aquel 9 de diciembre.

El Cagliari italiano pagó 21 millones por su ficha y Boca no pudo rechazarla. Su partida dejará un vacío que costará llenar. Pero estoy seguro que cuando vuelva, aún más maduro de lo que es hoy, será otra vez amo y señor del medio boquense. La azul y oro y la Bombonera te esperar con las puertas abiertas de par en par gladiador. Que nos
volvamos a ver

Fede Pérez Rivero
@FedePR12