MÁS DE LO ESPERADO Y MÁS POR HACER

El Falcon Sprint de Gustavo Alfaro completó la mitad del año con números que no todos esperaban desde lo deportivo por lo bueno, pero con mucho aún por corregir.

Los números no son para nada negativos. Desde su llegada a Boca y con 26 partidos disputados, Lechuga obtuvo 14 triunfos, 6 empates y 3 derrotas. Casi el 66 % de los puntos. Es cierto el equipo tuvo muy pocos partidos buenos desde lo futbolístico, pero en los números es difícil caerle.

Los puntos bajos de este primer semestre quizás sea la nula cantidad de victorias en condición de visitante por Copa Libertadores, pese a haber terminado como líder de su grupo producto de que hizo de la localía su mayor fortaleza. Alfaro logró en poco tiempo hacer de la Bombonera un escenario casi esquivo para los rivales que llegan hasta allí. Sólo lo derrotó Atlético Tucumán en un partido muy extraño allá por el mes de febrero en el partido pendiente de la Superliga. Superliga, que dicho sea de paso, se animó a pelearle hasta donde pudo desde los números a Racing y Defensa y Justicia. Recordemos que cuando el entrenador santafesino llegó a Boca, su posición en la tabla era la quinta ubicación, rasguñando el puesto de repechaje de la Copa Libertadores y a 18 puntos del líder. No sólo que terminó tercero en la tabla general, sino que clasificó de forma directa a Boca para la próxima edición del máximo certamen continental.

Otro punto bajo es, sin dudas, las fallas en el armado del mediocampo y la transición en los partidos. Al equipo aún le cuesta horrores el retroceso en defensa cuando se lanza al ataque y muchas veces, cuando parece que no pasa nada, se comenten errores conceptuales increíbles. Quizás se deba a la falta de concentración en ese lapso del partido. Lamentablemente es que estas distracciones fueron las causas principales de las tres derrotas que tuvo Boca en el semestre. Una de ellas, quizás la más dolorosa fue el último partido ante Tigre en Córdoba por la final de la Copa de la Superliga; torneo de poco valor en lo estadístico y deportivo, pero que hubiera sido importante desde lo anímico para lo revalidar lo concretado en Mendoza ante Central por la Supercopa Argentina, donde se jugó con autoridad y se consiguió el título de manera merecida en la tanda de penales.

Alfaro heredó un plantel golpeado por la final de Madrid

Lechuga heredó un plantel golpeado por lo sucedido en España a fines de 2018. Y a eso se enfocó en las primeras semanas de trabajo a curar las heridas y cambiarle la mente a cada uno de los integrantes del plantel. No lo hizo tan mal, recuperó jugadores que muchos creían que no podrían volver a la titularidad como Julio Buffarini, Emmanuel Reynoso y nada menos que Carlitos Tévez, quien no sólo aceptó ser el capitán de este Boca versión 2019, sino que asumió con creces el liderazgo que le otorgó el entrenador. El Apache demostró que, pese a sus 34 años y las ventajas físicas que puede llegar a dar en el uno contra uno contra rivales más jóvenes, aún tiene hambre de gloria y no le gusta perder. Su actuación en la final ante Tigre, aún en la derrota fue conmovedora y merecedora de aplausos. Todo esto es mérito exclusivo del cuerpo técnico que le lavó la cabeza al plantel y les empezó a hacer creer que las finales están para ganar y que si han de perderla que la derrota la vendan cara. Punto a favor aquí para Lechuga.

Es cierto, la identidad futbolística aún es un tanto desconocida. Pero quizás eso no sea tan malo, como muchos creen. Los rivales y los contextos difieren partido a partido y para Boca al fin de cuentas lo que debe apuntar es a ganar. No importa tanto el modo o el cómo. Pero sí sería bueno saber la función de cada jugador que pisará el campo de juego. Villa y Pavón, que son media punta, terminaron jugando de volantes ofensivos y en el afán de hacer relevos defensivos perdieron poder en ataque y se diluyeron cada vez que quisieron lanzarse al área rival.

Los objetivos deportivos no fueron los únicos mandamientos a cumplir para el estratega azul y oro, quien reconoce que a su equipo le falta vuelo e identidad futbolística para terminar de ser confiable y conformar así a propios y extraños. Los retoques en el plantel durante el mercado de pases serán fundamentales para que Alfaro refleje en cancha el ADN que pretende para su once. Es el punto que confía dar vuelta de mediano a largo plazo para eso afina la birome y junto con el manager y la dirigencia planean incorporar jugadores que se adapten a su 4-4-2 que promete ser seguro en defensa y demoledor en ataque.

El Falcon Sprint está en boxes y se prepara para volver a dar otra vuelta en los próximos meses.

Federico Pérez Rivero
@FedePR12