50% DE GUILLERMO Y 50% DE ANGELICI

foto MARCELO CARROLL

Boca perdió la final de la Copa Libertadores ante River por tres tantos contra uno en el Santiago Bernabéu de Madrid; luego de irse arriba en el resultado al entretiempo.
El entrenador erró feo en el planteo táctico y en el armado del banco de suplentes. El presidente por su parte, por acción u omisión, permitió que el equipo se presentara a jugar este partido en España y faltó a su palabra de matar o morir en el escritorio, tal como había jurado luego del atentado sufrido en Núñez.
Discúlpeme amigo lector si tardé mucho en presentar mi postura espero que me sepa entender. Yo también estoy muy triste y me es inmensamente difícil pensar la palabra exacta que describa tanto dolor e impotencia sin caer en las excusas berretas de derrotas pasadas. Acá no hay excusa que valga. El enemigo HOY no fue el árbitro Cunha, no fueron los asistentes, no fue la Conmebol, ni siquiera fue River. El enemigo hoy fuimos nosotros mismos. Boca, sólo Boca se tiró al bombo. Daniel Angelici en la previa y el Mellizo Guillermo hoy boicotearon el sueño de la Copa Libertadores.

Duele mucho. Negarlo sería absurdo. De un primer tiempo casi perfecto a esa intención (desafortunada) de jugar a no jugar en el complemento. Así iba a ser imposible mantener el 1-0. Boca desperdició tres ventajas parciales, algo inaceptable en este tipo de finales.

El ciclo de Guillermo se iba a terminar, con triunfo o derrota, a fin de año. Eso era sabido. En líneas generales, no estuvo a la altura del cargo, dada la gran inversión que se hizo durante sus tres años de gestión al frente del plantel. Falló en TODOS los partidos claves y hoy volvió a quedar expuesto. Hoy el partido se lo ganó Biscay.
De un primer tiempo casi perfecto a ese equivocado intento de jugar a no jugar en el complemento para hacer correr el reloj sin siquiera inquietar con contragolpes. Así iba a ser imposible mantener el 1-0. Boca desperdició tres ventajas parciales en los 210 minutos que duró la serie, algo inaceptable en este tipo de finales.
El entrenador planeó cualquier cosa, menos una final de Copa Libertadores. O al menos eso dio a entender cuando presentó la planilla y dejó en evidencia que afuera de los suplentes estaban Agustín Almendra y Edwin Cardona e incluyó en la misma nómina de sustitutos a Fernando Gago y Ramón Ábila. Ambos muy al límite de sus posibilidades físicas. Wanchope, que ingresó por Dario Benedetto, se lo vio extremadamente fuera de estado, lento e impreciso. El ex Huracán perdió todas las divididas y en ningún momento logró pivotear ni patear al arco; era evidente que el goleador no estaba para jugar hoy. Por su parte Fernando Gago, que entró en el alargue; se volvió a romper el tendón de Aquiles esta vez en su pierna izquierda.
El que haya mencionado las ausencias en el banco del pibe Almendra y del colombiano Cardona no es casualidad sino causalidad. Boca no tenía peso específico en el medio y cuando lograba recuperar la pelota, apelaba a tirar bochazos para que Pavón y Villa corran por las bandas. Con Pablo Pérez jugando en una pierna y Wilmar Barrios jugando al límite de la expulsión; el medio y el ataque de Boca necesitaban frescura y fútbol… Algo que Guillermo nunca percibió. Incluso con la expulsión de Wilmar, el entrenador pudo haber apostado todo por aguantar hasta los penales incorporando a Paolo Goltz a la defensa y resignando a Pavón o al colombiano que ya estaban fundidos de tanto hacer la banda. El ingreso de Ábila realmente fue el principio del fin para el Xeneize que aun estando en ventaja no podía salir de su área y generar contragolpes. Carlos Tévez y Mauro Zárate, que estaban en mejor estado físico, tuvieron que ver como Wanchope se arrastraba en la cancha tras su ingreso por Benedetto.
También podría haber hecho algo más astuto como apostar por Leo Jara en lugar del Pipa para reforzar el medio y adelantar unos metros a Villa y Pavón. Créanme que el entrenador pudo haber pensado en muchas variables para repeler el avance Millonario y neutralizarlo, como tan bien lo había hecho en el primer tiempo. Se dejó llevar una vez más por su terquedad y lo pagamos caro.
Tevez debió haber ingresado antes, más precisamente con el resultado 1-1. El partido pedía otra cosa pero GBS privilegió tapar a los laterales rivales. Que haya ingresado con el partido 1-2 y a falta de tres minutos para el final del encuentro fue una grosera falta de respeto del entrenador hacia Tévez. El Mellizo tuvo la misma actitud con Carlitos, que Miguel Russo tuvo para con él en aquel Superclásico del 2007. Esa actitud de Russo fue lo que motivó a Guillermo a irse a jugar a la MLS a los diez días de aquel superclásico en la Bombonera. Así como en ese entonces el Mellizo merecía más minutos en cancha, hoy Tévez merecía por lo menos jugar media hora.
Desde su llegada al club de la mano del cuerpo técnico al profesor Valdecantos se lo ha rotulado como un formador de Fórmula 1. Hoy el equipo tuvo un déficit físico muy pronunciado. Ya en el alargue se notaba la superioridad física de los jugadores de River por sobre los de Boca. Los F1 parecían ser los jugadores del Millo y los de Boca parecían ser autos de “scalextric” sin batería. Los jugadores de Boca se arrastraron en el campo de juego en gran parte del segundo tiempo y durante todo el alargue. Primero Darío Benedetto, luego Pablo Pérez, Lucas Olaza y hasta Nández sufrieron calambres y contracturas muy fuertes en el medio del partido.
El otro cincuenta por ciento de este mazazo copero tiene nombre y apellido: Daniel Angelici. El presidente luego del atentado que sufrió el plantel de Boca en su llegada a la cancha de River el pasado 24 de noviembre; había asegurado que haría pesar el reglamento y que Boca ganaría los puntos en las oficinas de Conmebol, tal como lo hizo River post gas pimienta en 2015. El Tano i llegó a Paraguay con la firmeza de terminar con la mafia de CSF como Eliot Ness con Al Capone en el film de Los Intocables y terminó siendo uno más de Don Gato y Su Pandilla. No sólo fue persuadido en su reclamo, sino que además aceptó mudar el partido final a Madrid en lugar de plantarse y llevar el caso al TAS sin presentar al equipo. Ahora ya con el resultado puesto, es innecesario e imprudente esperar el fallo del máximo tribunal de disciplina. Hacerlo sería degradar aún más la imagen de Boca como institución.

Realmente lo de Angelici al frente de Boca es increíble. El hombre fuerte del fuero judicial en la Capital Federal; agarró a Boca campeón invicto del fútbol argentino y a River en la B. En siete años de gestión hizo mierda la historia del club y puso a River por encima de Boca en todos los aspectos. No hay dudas de que Angelici es el José María Aguilar de Boca. Es cierto, el Tano no nos mandó al descenso; pero esta derrota se asemeja bastante a una pérdida de categoría. Mientras que Boca no sumó títulos internacionales, el conjunto de Núñez sumo once y le dió vuelta el historial de partidos definitorios. Algo impensable e inaceptable para la historia del club.
Seguramente ahora habrá un fuerte recambio; no hay dudas que ésta derrota perdurará en la cabeza y en el corazón de Boca por mucho tiempo y merece marcar el final de ciclo de varios jugadores del plantel, además del cuerpo técnico y la dirigencia. Pero también debe marcar un punto de inflexión en el hincha, que durante años se mofó de la desgracia de River y otros rivales y no se dio cuenta que el enemigo estaba dentro de la Bombonera, que prefirió no repudiar pálidas actuaciones por temor a quedar expuestos como los hinchas de los otros equipos. Está más que claro que el hincha debe exigir porque la historia del club lo demanda. Es hora de que el hincha de Boca exija explicaciones. No esperen soluciones rápidas ni mágicas. El fútbol no es magia. Hay que trabajar en un proyecto a largo plazo, apostar por los pibes de inferiores, plantear una idea de juego clara y no obsesionarse con ganar la Copa Libertadores. La obsesión nos llevó a la derrota más dolorosa de la historia.
Ya no se gana con la chapa, con la hinchada y con la mística. Ya no. Hora de barajar y dar de nuevo.
Fede Pérez Rivero
@FedePR12