EL PATRON EMOCIONAL

Boca venció uno a cero a Patronato en la Bombonera con gol de Cristian Espinoza y mientras entra en las vísperas a la definición de la Copa Libertadores ante River; casi con timidez que asoma en la mesa de candidatos para pelear por la Superliga. La Bombonera fue una caldera y en ningún momento dejó de pedir por el triunfo en el Monumental y la obtención de la Copa Libertadores.

El Xeneize jugó mal ante un aguerrido equipo entrerriano. Boca se fue victorioso del campo de juego con muy poquito, casi que con la sola presencia de Carlitos Tévez y las apariciones de Esteban Andrada que volvió al arco; le alcanzó para sumar otros tres puntos.

El nivel colectivo fue tan irregular que al mellizo le despejaron varias dudas respecto al once que parará el próximo sábado. Los únicos merecedores de la titularidad por rendimiento y actitud fueron los ya mencionados Tevez y Andrada.

El arquero que volvió de la lesión en su maxilar respondió siempre que lo llamaron. En los últimos minutos sacó del ángulo para mantener a Boca arriba en el marcador.
Carlitos sumó minutos, se mostró en buen nivel y se fue feliz: la gente lo tiene como referente y puede ser titular en el Monumental. ¿Irá de enganche, de media punta o saltará desde el banco en el complemento? Sólo Guillermo lo sabe.

El clima en las tribunas fue conmovedor. Desde que los arqueros salieron a precalentar y hasta que abandonaron las adyacencias del estadio; la gente pidió a gritos un triunfo histórico en la final de la Libertadores. El hincha sabe que el patrón emocional es fundamental para que el grupo tome confianza y se agrande en ésta parada bravísima que será la final del mundo ante el némesis de toda la vida y en territorio enemigo.
La gente canta, por momentos grita, exige, implora y sueña con una vuelta olímpica histórica en el Monumental; se desvive por levantar la séptima Copa Libertadores. El hincha está agitado, tiene fiebre copera. Seguramente pocos mirarán la tabla de la Superliga cuando lleguen a sus casas. La cabeza del hincha está en Figueroa Alcorta y Udaondo; allí donde el Xeneize se juega gran parte de su historia.

El partido terminó y Carlitos sale del campo con el puño apretado; él vino para esto. La gente lo sabe y lo ovaciona hasta el llanto. El Alberto J Armando está encandilado, de cada cimiento de su estructura de cemento retumba un grito lleno de deseo y esperanza: “EN LA CANCHA DE RIVER VAMOS A GANAR Y LA VUELTA VAMOS A DAR”.

Foto: Fernando de la Orden

Dentro de exactamente siete días; éstos jugadores estarán enfrente de la oportunidad de sus vidas, de dejar cada uno de sus nombres en la historia grande del club y ser merecedor del bronce dentro del museo que yace dentro del estadio de Brandsen al 800. Que así sea.

Fede Pérez Rivero
@FedePR12